Segunda columna enviada a ElSur (aún no publicada). A esta la dejo hablar por sí misma.
Según lo dicho en una columna anterior, queda de manifiesto que jamás he tenido la percepción de que la Universidad y, en general, los medios en que nos desenvolvemos como jóvenes nos sometan a un excesivo número de restricciones, sino que más bien lo contrario. Gozamos de prerrogativas especiales y se nos entrega un mayor grado de libertad y de tolerancia, precisamente por estar en un periodo de aprendizaje y de formación.
Sin entrar a calificar esta constante de positiva o negativa, este mes ocurrió un hecho (al parecer aislado) que llama a reflexionar en torno a la tolerancia, a raíz de la visita a nuestra ciudad de la Virgen del Carmen. En el contexto de una caravana realizada por jóvenes de Misión País, Trabajo País y algunos miembros de la Pastoral UdeC (entre otros), se solicitó el ingreso de la imagen al Campus, cosa que fue rechazada (sin expresión de causa) por la autoridad universitaria. Ante la negativa, se decidió que cruzara por la vía pública, enfrente del Arco de Medicina. Pero al momento de realizarse la actividad, guardias de la Casa de Estudios intentaron impedir la concreción de la actividad, cuestión no lograda gracias a la presencia de Carabineros en dicho espacio público.
Despejando lo obvio (que la Universidad en caso alguno puede imponer sus directrices más allá del Campus Universitario), la Casa de Estudios tiene, a grandes rasgos, dos posibilidades:
1) Se tolera todo aquello que no es ilegal o dañino para los demás. Se adopta un criterio de “neutralidad”, donde lo deseable es lo legal. Se impide lo que infringe el ordenamiento jurídico, y en caso de concretarse este tipo de actividades, se realizan las respectivas denuncias, todo en respeto a las obligaciones legales.
2) Se impide, además de lo ilegal, la realización de ciertas actividades en base a determinados criterios.
Siendo la Universidad una institución que nos enseña no sólo conocimientos específicos, sino que también nos entrega formación y valores, me parece más atendible esta última posibilidad.
Pero en la especie ¿cuál sería el valor o principio que estaría persiguiendo nuestra Casa de Estudios al coartar la posibilidad de dar demostraciones públicas de adhesión a una postura religiosa determinada, cual sea ésta?
Llama profundamente la atención la posición adoptada en una Universidad que se precia de ser tolerante con todo tipo de credos, y cuyo lema aboga por “el desarrollo libre del espíritu”. Más extrañeza causa cuando año a año se autoriza (e incluso se financia) la realización por parte de la Federación de Estudiantes de “La semana de la Diversidad Sexual” y el denominado “Cultiva tus Derechos” (marchas y recitales a favor de la despenalización de la marihuana o de la “liberación sexual”, respectivamente), instancias en las que se utiliza ni más ni menos que el Foro de nuestra Universidad.
Sumado a lo anterior, mientras posturas proaborto encuentran acogida en la UdeC, en alguna oportunidad se “recomendó” no realizar un mural en contra del mismo, por cuanto podía “herir susceptibilidades” y era atentatorio para quienes sí estaban a favor de él. Lo anterior es un contrasentido en la medida en la que se ha permitido pintar variadas consignas en distintos murales de la UdeC.
Entonces ¿en que quedamos? siendo la caravana algo enmarcado dentro de lo legal y no contrariando ningún principio o valor, pareciera ser que la Universidad simplemente se equivocó. Se confundió el laicismo que promueve nuestra Universidad con un marcado anticatolicismo, que flaco favor le hace al prestigio que ostenta la Casa de Estudios, que siempre se ha mostrado como una entidad tolerante frente a distintos actos de expresión política, social y cultural, y lo ocurrido empaña el respeto demostrado por años las diversas autoridades universitarias.
En palabras de Mahatma Gandhi “No me gusta la palabra tolerancia, pero no encuentro otra mejor. El amor empuja a tener, hacia la fe de los demás, el mismo respeto que se tiene por la propia”.